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El Día Q: la fecha en que la computación cuántica podría romper la criptografía que protege el mundo digital

25 de agosto de 2026
El Día Q: la fecha en que la computación cuántica podría romper la criptografía que protege el mundo digital
El Día Q: la fecha en que la computación cuántica podría romper la criptografía que protege el mundo digital
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El Día Q: la fecha en que la computación cuántica podría romper la criptografía que protege el mundo digital

Raymond Orta Martinez, Abogado, Perito Informático

La seguridad informática moderna descansa sobre una premisa que rara vez observa el usuario común: existen determinados problemas matemáticos cuya resolución requiere, utilizando los computadores actuales, cantidades extraordinarias de tiempo y recursos.

Sobre esa dificultad se han construido algunos de los sistemas criptográficos más utilizados del mundo.

RSA, Diffie-Hellman y la criptografía de curvas elípticas —ECC— protegen actualmente comunicaciones, certificados digitales, conexiones seguras, firmas electrónicas, transacciones bancarias, infraestructuras gubernamentales, redes privadas virtuales y buena parte de los mecanismos mediante los cuales demostramos nuestra identidad en Internet.

Pero existe una pregunta que desde hace años preocupa a criptógrafos, especialistas en ciberseguridad, gobiernos y organismos de normalización:

¿Qué ocurrirá cuando una computadora cuántica sea suficientemente poderosa para resolver esos problemas matemáticos?

A ese hipotético momento se le conoce como Día Q, Q-Day o Y2Q.

El Día Q representa el momento en que exista una computadora cuántica criptográficamente relevante capaz de comprometer, en tiempos razonables, determinados sistemas de criptografía de clave pública actualmente considerados seguros.

No conocemos la fecha.

Pero el problema ya comenzó.

¿Qué es realmente el Día Q?

Una computadora cuántica no funciona simplemente como una computadora convencional más rápida.

Utiliza principios de la mecánica cuántica y unidades de información denominadas qubits, capaces de representar y procesar información mediante propiedades que no existen en la computación clásica.

Esto no significa que una computadora cuántica pueda resolver automáticamente cualquier problema con mayor velocidad.

Significa que determinados problemas matemáticos pueden abordarse mediante algoritmos específicamente diseñados para aprovechar las propiedades de la computación cuántica.

Uno de ellos resulta especialmente importante para la criptografía.

En 1994, el matemático Peter Shor desarrolló un algoritmo cuántico capaz, en teoría, de factorizar grandes números enteros y resolver problemas de logaritmos discretos de manera considerablemente más eficiente que los algoritmos clásicos conocidos.

La consecuencia es enorme.

La seguridad de RSA depende precisamente de la dificultad práctica de factorizar determinados números enteros extremadamente grandes.

Los sistemas basados en curvas elípticas dependen igualmente de problemas matemáticos relacionados con logaritmos discretos.

Una computadora cuántica suficientemente potente, estable y tolerante a errores podría cambiar radicalmente esa ecuación.

El problema dejaría de ser matemáticamente impracticable.

Y cuando eso ocurra habremos llegado al denominado Día Q.

No significa que toda la criptografía desaparecerá

Es importante evitar una interpretación exagerada.

El Día Q no significa que toda forma de cifrado existente dejará automáticamente de funcionar.

La principal amenaza se concentra inicialmente sobre la criptografía asimétrica o de clave pública, especialmente RSA, Diffie-Hellman y ECC.

Los algoritmos criptográficos simétricos y las funciones hash presentan un escenario diferente.

El algoritmo de Grover, otro algoritmo cuántico, puede reducir teóricamente la complejidad necesaria para determinadas búsquedas, pero su impacto no equivale al producido por el algoritmo de Shor sobre RSA o ECC.

Por ello, algunos esquemas simétricos pueden mantener niveles de seguridad adecuados aumentando el tamaño de sus claves.

La distinción es fundamental.

La computación cuántica no representa el final de la criptografía.

Representa el comienzo de una nueva generación criptográfica.

El verdadero peligro comenzó antes del Día Q

Existe una expresión que probablemente será una de las más importantes de la ciberseguridad durante los próximos años:

Harvest Now, Decrypt Later.

En español podríamos traducirla como:

“recolectar ahora y descifrar después”.

El concepto describe una estrategia sencilla.

Un atacante intercepta o sustrae actualmente información cifrada que todavía no puede descifrar.

La conserva.

Dentro de algunos años, cuando disponga de capacidades cuánticas suficientes, intenta descifrarla.

Este escenario transforma completamente nuestra percepción del riesgo.

Una comunicación interceptada en 2026 puede no ser inteligible actualmente.

Pero si esa información debe permanecer confidencial durante veinte años, su seguridad debe evaluarse en función de la capacidad tecnológica que existirá durante esos veinte años.

Ese es precisamente uno de los motivos por los cuales diferentes organizaciones de ciberseguridad advierten que el riesgo cuántico no comienza el Día Q.

Comienza hoy.

Imagine un archivo judicial cifrado durante veinte años

Veamos el problema desde una perspectiva jurídica y forense.

Supongamos que una institución conserva información relacionada con investigaciones criminales, expedientes judiciales, secretos industriales, contratos estratégicos, datos de inteligencia, comunicaciones diplomáticas o información financiera.

Muchos de esos documentos pueden mantener valor jurídico, comercial o estratégico durante décadas.

Si alguien logra copiar hoy esos archivos cifrados y puede descifrarlos dentro de diez o quince años, el hecho de que actualmente se encuentren protegidos resulta insuficiente.

La pregunta correcta debería ser:

¿durante cuánto tiempo debe permanecer confidencial esta información?

Ese periodo debe compararse con el tiempo estimado necesario para que aparezcan capacidades cuánticas relevantes y con el tiempo que necesitará una organización para migrar sus sistemas criptográficos.

Esta relación suele representarse informalmente mediante el denominado teorema de Mosca:

si el tiempo durante el cual la información debe permanecer protegida, sumado al tiempo necesario para migrar los sistemas, supera el tiempo estimado hasta la llegada de computadores cuánticos capaces de romper la criptografía utilizada, existe un problema de seguridad que debe atenderse desde ahora.

La firma digital también está involucrada

Existe otra dimensión que suele recibir menos atención que el cifrado.

Las computadoras cuánticas no solamente podrían comprometer determinadas comunicaciones cifradas.

También podrían afectar mecanismos de firma digital.

La firma digital permite verificar, entre otras cosas:

la identidad criptográfica del firmante,

la integridad de un documento,

la autenticidad de determinadas comunicaciones,

la autenticidad de actualizaciones de software,

la validez de certificados,

y la autorización de transacciones digitales.

Si un algoritmo de firma depende de problemas matemáticos susceptibles al algoritmo de Shor, una computadora cuántica suficientemente poderosa podría, en principio, comprometer las claves privadas correspondientes.

Desde el punto de vista probatorio, esto plantea preguntas extraordinariamente interesantes.

¿Qué valor tendrá dentro de veinte años una firma digital creada hoy?

¿Cómo podremos demostrar que fue generada cuando el algoritmo todavía era criptográficamente seguro?

¿Cómo preservaremos documentos firmados electrónicamente durante décadas?

La respuesta probablemente involucrará mecanismos de sellado temporal, conservación criptográfica, renovación de firmas y migraciones periódicas hacia algoritmos resistentes a ataques cuánticos.

Para abogados, notarios, registros públicos, tribunales y especialistas en evidencia digital, esta discusión no es ciencia ficción.

Es un problema de preservación documental de largo plazo.

¿Qué ocurriría con HTTPS?

Cuando observamos el candado de seguridad del navegador estamos utilizando una infraestructura criptográfica que permite establecer comunicaciones autenticadas y cifradas.

Buena parte de esa infraestructura depende de criptografía de clave pública.

Una computadora cuántica suficientemente poderosa podría comprometer determinados esquemas actualmente utilizados para intercambio de claves y autenticación.

VPN, conexiones TLS, certificados digitales, correo electrónico cifrado y diferentes mecanismos de autenticación tendrían que migrar hacia algoritmos resistentes a ataques cuánticos.

Esta migración será probablemente una de las transformaciones tecnológicas más importantes de la infraestructura de Internet desde su creación.

¿Qué ocurriría con Bitcoin y las criptomonedas?

El tema resulta especialmente sensible para las criptomonedas.

Bitcoin y otras redes utilizan criptografía de curvas elípticas para las firmas digitales que permiten demostrar la legitimidad de determinadas transacciones.

Una computadora cuántica suficientemente poderosa podría intentar derivar una clave privada a partir de una clave pública expuesta y posteriormente producir firmas fraudulentas.

Eso no significa que Bitcoin vaya a desaparecer automáticamente el Día Q.

Significa que las redes blockchain deberán migrar progresivamente hacia esquemas criptográficos resistentes a computadores cuánticos.

También existe una diferencia importante entre romper una firma basada en curvas elípticas y romper las funciones hash utilizadas por determinadas arquitecturas blockchain.

Son problemas criptográficos distintos.

La preocupación fundamental está relacionada con aquellas claves públicas que ya han sido reveladas y que permanecerán almacenadas permanentemente en cadenas de bloques públicas.

¿Cuándo llegará el Día Q?

La respuesta correcta es:

no lo sabemos.

Las estimaciones varían considerablemente.

Algunos especialistas consideran que computadores cuánticos criptográficamente relevantes podrían aparecer durante la década de 2030.

Otros proyectan fechas posteriores.

Algunos incluso consideran que existen todavía obstáculos científicos y tecnológicos suficientemente importantes como para impedir predicciones precisas.

En agosto de 2026 siguen publicándose estimaciones que sitúan diferentes escenarios entre las décadas de 2030 y 2040, aunque con elevados niveles de incertidumbre.

Esta incertidumbre no debería interpretarse como tranquilidad.

En seguridad informática no resulta razonable comenzar la migración el día anterior a que aparezca la amenaza.

Las grandes infraestructuras tecnológicas pueden necesitar años para modificar algoritmos, dispositivos, certificados, bibliotecas, aplicaciones, protocolos y sistemas heredados.

Por ello, la fecha exacta del Día Q es probablemente menos importante que la capacidad de estar preparados antes de que ocurra.

La criptografía poscuántica

La respuesta tecnológica al problema recibe el nombre de Post-Quantum Cryptography, normalmente abreviada como PQC.

Se trata de algoritmos criptográficos diseñados para ejecutarse en computadores convencionales pero cuya seguridad se fundamenta en problemas matemáticos que, según el conocimiento actual, deberían resistir ataques realizados mediante computadores cuánticos.

Es importante comprender este punto.

La criptografía poscuántica no requiere necesariamente computadores cuánticos.

Puede implementarse mediante los equipos y servidores que utilizamos actualmente.

La transición consiste fundamentalmente en sustituir algoritmos vulnerables por otros diseñados para resistir adversarios clásicos y cuánticos.

Durante los últimos años el National Institute of Standards and Technology —NIST— ha desarrollado uno de los procesos internacionales más importantes de evaluación y estandarización de algoritmos poscuánticos.

La consecuencia práctica es que la migración ya no pertenece únicamente al ámbito académico.

Ha comenzado a convertirse en política de seguridad informática.

El concepto de criptoagilidad

Existe además otra expresión que comenzará a ser cada vez más importante:

crypto-agility o criptoagilidad.

Una organización criptográficamente ágil puede identificar rápidamente qué algoritmos utiliza y sustituirlos sin reconstruir completamente su infraestructura.

Muchas organizaciones desconocen actualmente qué criptografía contienen sus sistemas.

Puede existir dentro de aplicaciones, certificados, VPN, dispositivos de red, sistemas antiguos, bases de datos, aplicaciones móviles, firmware, dispositivos IoT y bibliotecas desarrolladas hace años.

El primer paso hacia la seguridad poscuántica no consiste necesariamente en sustituir inmediatamente todos los algoritmos.

Consiste en conocer dónde están.

Realizar un inventario criptográfico será una de las actividades fundamentales de los próximos años.

El problema forense del futuro

La llegada de la computación cuántica también tendrá consecuencias importantes para la informática forense.

Los investigadores digitales utilizan constantemente criptografía.

Hashes.

Firmas digitales.

Cifrado de evidencias.

Certificados.

Sistemas de autenticación.

Comunicación segura.

Preservación de evidencias digitales.

El valor probatorio de determinados mecanismos criptográficos depende de que permanezcan confiables durante el tiempo necesario.

Esto significa que los laboratorios forenses deberán considerar mecanismos de preservación criptográfica de largo plazo.

Un hash calculado hoy no necesariamente debe descartarse mañana, pero será indispensable distinguir entre funciones criptográficas, algoritmos de firma, mecanismos de cifrado y su resistencia frente a diferentes modelos de ataque.

La migración poscuántica también deberá llegar a la informática forense.

El Día Q no será necesariamente un día

Existe finalmente una paradoja interesante.

Probablemente nunca exista un momento públicamente reconocido en el cual alguien anuncie:

“Hoy ocurrió el Día Q”.

Un gobierno, organización militar, servicio de inteligencia o grupo privado que consiguiera construir primero una computadora cuántica capaz de romper criptografía tendría pocos incentivos para anunciar inmediatamente esa capacidad.

Desde una perspectiva estratégica, conservar el secreto podría permitir explotar la vulnerabilidad durante algún tiempo.

Por eso el Día Q podría haber ocurrido antes de que el mundo lo supiera.

Ese escenario introduce una variable adicional a la gestión del riesgo.

No podemos prepararnos para una fecha conocida.

Debemos prepararnos para una capacidad tecnológica cuya aparición podría permanecer inicialmente oculta.

No debemos esperar al Día Q

Los computadores cuánticos prometen avances extraordinarios en química, medicina, optimización, simulación molecular, investigación científica y desarrollo de materiales.

El problema no es la computación cuántica.

El problema consiste en mantener infraestructuras digitales durante años utilizando sistemas criptográficos que sabemos que eventualmente deberán ser sustituidos.

La historia de la seguridad informática ha demostrado repetidamente que las migraciones tardías terminan siendo más costosas, complejas y peligrosas.

El Día Q todavía no ha llegado.

Pero la carrera para protegernos contra sus consecuencias ya comenzó.

Y desde la perspectiva de la informática forense, la ciberseguridad y el Derecho tecnológico, probablemente debamos formular desde ahora una pregunta fundamental:

¿las evidencias, comunicaciones, firmas digitales y documentos que protegemos hoy seguirán siendo confiables cuando existan computadores capaces de atacar la criptografía con la que fueron creados?

Ese será uno de los grandes desafíos tecnológicos, jurídicos y probatorios de las próximas décadas.

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