

Del Vibe Coding al Vibe Lawyer: la inteligencia artificial y la nueva generación de abogados
Raymond Orta Martinez, Abogado Especialista en Derecho Procesal UCV y en Tecnologias Gerenciales UNE, Master IA
Desde la llegada de la inteligencia artificial generativa se ha desarrollado una tendencia que, en el mundo de la programación, ha sido denominada vibe coding: programar mediante instrucciones sucesivas dadas a una inteligencia artificial, utilizando lenguaje natural, sin que necesariamente quien dirige el proceso conozca o domine el lenguaje de programación empleado.
En términos sencillos, una persona puede solicitarle a una inteligencia artificial que desarrolle una aplicación, modificarla mediante sucesivas instrucciones, detectar errores, incorporar nuevas funcionalidades y obtener finalmente un programa funcional, aun cuando no tenga conocimientos profundos de programación.
Algo semejante está comenzando a ocurrir en el Derecho.
A nivel internacional ya se conocen numerosos casos en los cuales profesionales del Derecho han utilizado herramientas de inteligencia artificial para preparar escritos judiciales. Algunos de esos episodios ocurrieron durante una etapa en la cual las denominadas «alucinaciones» de los modelos eran mucho más frecuentes, lo que ocasionó la incorporación de jurisprudencia inexistente, citas incorrectas, normas improcedentes y otros errores graves.
En determinados casos, los propios profesionales terminaron reconociendo que los documentos habían sido elaborados con asistencia de inteligencia artificial y que no verificaron adecuadamente la información generada por la herramienta.
En el foro venezolano también hemos comenzado a observar situaciones particulares. Conocemos casos en los cuales resulta evidente la utilización de inteligencia artificial para la elaboración de escritos, pero lo más interesante no es simplemente que haya intervenido una IA, sino que, en ocasiones, quien formula determinados argumentos aparentemente no posee experiencia o especialización suficiente en el área jurídica en la cual está litigando.
Varios colegas, incluso de manera jocosa, me han comentado que actualmente sienten que están «litigando contra la inteligencia artificial».
La expresión surge como consecuencia de la presentación de escritos extraordinariamente extensos, sobrecargados de fundamentos, conceptos y terminología que no son habituales en nuestro foro y que, en algunos casos, guardan poca relación con el verdadero objeto de la controversia.
Salvando las enormes distancias, la situación recuerda aquellos enfrentamientos entre Garry Kasparov y Deep Blue (Comentario del Dr. Pablo Trivella) , la computadora desarrollada por IBM para jugar ajedrez. La diferencia es que ahora el escenario no es un tablero: es el expediente judicial.
Del Vibe Coding al Vibe Lawyer
Esta realidad me ha llevado a plantearme la aparición de una figura que podríamos denominar el Vibe Lawyer.
Si el vibe coder es quien desarrolla programas mediante inteligencia artificial sin dominar necesariamente la programación tradicional, el Vibe Lawyer sería aquel abogado que comienza a incursionar en determinadas áreas del Derecho apoyándose intensivamente en sistemas de inteligencia artificial, incluso sin poseer previamente una especialización suficiente en la materia.
Y aquí comienza un problema que merece ser analizado.
La inteligencia artificial puede ampliar extraordinariamente las capacidades de un profesional, pero no convierte automáticamente a un abogado en especialista.
Un abogado especializado en Derecho Civil podría, mediante estas herramientas, intentar estructurar una defensa penal, elaborar una consulta tributaria o preparar una estrategia sobre una materia en la cual nunca ha litigado.
Pero debemos preguntarnos: ¿hasta dónde puede llegar esa asistencia?
La analogía médica permite comprender el problema. Sería equivalente a pensar que un médico general, por disponer de una herramienta tecnológica extraordinariamente avanzada, pudiera comenzar a realizar intervenciones propias de un cirujano especializado; o que un traumatólogo pudiera practicar procedimientos correspondientes a otra especialidad médica simplemente porque dispone de un sistema capaz de suministrarle instrucciones.
La herramienta puede aumentar las capacidades del profesional. Lo que no puede sustituir automáticamente es la formación, el criterio, la experiencia y la responsabilidad.
Los escritos judiciales generados con inteligencia artificial
En la práctica forense comienza igualmente a presentarse otro fenómeno.
Existen escritos asistidos por inteligencia artificial cuya estructura resulta relativamente fácil de reconocer. No porque exista una «marca» infalible de que fueron generados por una IA, sino porque presentan características lingüísticas y estructurales muy diferentes de aquellas que tradicionalmente empleaba determinado abogado.
Aparecen construcciones excesivamente ordenadas, determinados patrones de enumeración, terminología poco utilizada en nuestro foro, extensas explicaciones doctrinales innecesarias y formas de argumentación que no corresponden con el estilo histórico del profesional que suscribe el documento.
Desde el punto de vista de la lingüística forense, este fenómeno resulta particularmente interesante.
Cuando existen numerosos escritos anteriores de un mismo abogado, es posible realizar comparaciones entre sus patrones lingüísticos históricos y los documentos actuales. Naturalmente, ello no permite concluir, por sí solo, que un texto fue elaborado por una inteligencia artificial, pero sí puede revelar cambios importantes en la forma de redacción, vocabulario, sintaxis, estructura argumentativa y estilo.
Surge entonces una nueva pregunta: ¿quién redactó realmente el escrito?
Y, más importante todavía: ¿quién controló jurídicamente su contenido antes de presentarlo ante el tribunal?
Porque, independientemente de que el abogado utilice inteligencia artificial, procesadores de texto, bases de datos jurídicas, asistentes humanos o cualquier otra herramienta, la responsabilidad profesional sobre aquello que suscribe continúa correspondiendo al abogado.
Los clientes también están utilizando inteligencia artificial
Existe además un fenómeno inverso que ya estamos observando en la práctica profesional.
Los clientes están comenzando a utilizar sistemas de inteligencia artificial para revisar los escritos preparados por sus propios abogados.
Analizan demandas, contestaciones, recursos, contratos, opiniones jurídicas e incluso estrategias procesales. Preguntan a una IA si el documento está bien estructurado, si existen argumentos adicionales, si determinadas normas son aplicables o si la respuesta de su abogado parece adecuada.
Esto modifica la relación tradicional entre abogado y cliente.
El cliente dispone ahora de una herramienta capaz de ofrecerle, en pocos segundos, una segunda lectura del trabajo profesional. Esa evaluación podrá ser correcta o equivocada —porque la inteligencia artificial también comete errores—, pero indudablemente cambia el nivel de información con el cual el cliente se relaciona con su abogado.
El abogado tendrá, por tanto, que estar cada vez mejor preparado para explicar no solamente qué recomienda, sino también por qué lo recomienda.
Una oportunidad para los abogados jóvenes y las pequeñas firmas
Existe otra consecuencia que considero particularmente importante.
Estas herramientas pueden permitir que un abogado joven o una pequeña firma compitan, en determinadas tareas, con estructuras profesionales considerablemente mayores.
Un abogado que conozca profundamente su materia y, adicionalmente, sepa utilizar correctamente herramientas de inteligencia artificial puede incrementar de manera considerable su capacidad de investigación, análisis, organización documental y preparación de escritos.
Puede revisar mayores volúmenes de información, organizar expedientes complejos, comparar argumentos, detectar contradicciones, construir cronologías, preparar interrogatorios y estudiar escenarios procesales en una escala que anteriormente habría requerido equipos completos de abogados.
Esto genera un balance competitivo nada despreciable.
Y cuando hablamos del ejercicio profesional del Derecho, ese equilibrio también puede repercutir en el acceso a la justicia.
Inteligencia artificial para fiscales, defensores y funcionarios públicos
Ahora imaginemos estas mismas capacidades aplicadas al sector público.
Pensemos en fiscales, defensores públicos, jueces y otros funcionarios sometidos diariamente a enormes volúmenes de expedientes y trabajo administrativo.
Una utilización responsable de estas tecnologías podría asistirlos en la organización de información, clasificación de documentos, construcción de cronologías, identificación de elementos relevantes, preparación preliminar de documentos y análisis de grandes cantidades de información.
No se trata de entregar a una inteligencia artificial la decisión jurídica.
La decisión debe continuar correspondiendo al funcionario competente.
Se trata de utilizar la tecnología como herramienta de asistencia para mejorar la calidad, organización y eficiencia del trabajo humano.
Naturalmente, ello exige controles particularmente rigurosos en materia de confidencialidad, protección de datos, seguridad de la información, verificación de resultados y responsabilidad sobre las decisiones adoptadas.
¿Hacia una uniformidad del lenguaje jurídico?
Nos encontramos, sin duda, entrando en un territorio nuevo.
Incluso el lenguaje de los foros jurídicos nacionales podría comenzar a modificarse como consecuencia de la utilización masiva de modelos de inteligencia artificial.
Los sistemas generativos no necesariamente conocen de manera espontánea las particularidades lingüísticas, procesales y profesionales de cada foro. Si no reciben instrucciones adecuadas, pueden utilizar terminología propia de otros países, sistemas jurídicos o tradiciones doctrinales.
De allí que podamos comenzar a observar cierta uniformidad internacional en determinadas formas de redacción jurídica.
Sin embargo, estos sistemas también pueden ser instruidos para respetar la terminología del foro local, las instituciones propias de cada ordenamiento jurídico y determinadas características de estilo.
Precisamente allí estará una de las diferencias entre el abogado que simplemente utiliza inteligencia artificial y aquel que realmente sabe trabajar con ella.
La nueva competencia profesional
El problema, en definitiva, no consiste en determinar si los abogados utilizarán o no inteligencia artificial.
Ya la están utilizando.
La verdadera discusión consiste en establecer cómo la utilizarán, con qué nivel de conocimiento, bajo qué controles y con qué responsabilidad profesional.
El abogado que desconozca completamente estas herramientas podría encontrarse en desventaja frente a quien las domine. Pero el abogado que pretenda sustituir conocimiento jurídico, experiencia y criterio profesional mediante inteligencia artificial también estará incurriendo en un grave error.
La inteligencia artificial no elimina la necesidad de especialización.
La hace todavía más importante.
Porque mientras más poderosa sea la herramienta, mayor deberá ser la capacidad del profesional para determinar cuándo su resultado es correcto, cuándo es incompleto y cuándo es jurídicamente absurdo.
Los Vibe Lawyers probablemente formarán parte de una nueva generación de profesionales del Derecho. Algunos utilizarán estas tecnologías simplemente para producir más texto. Otros las utilizarán para investigar mejor, analizar mejor, organizar mejor la prueba y construir mejores argumentos.
La diferencia entre unos y otros no estará en tener acceso a la inteligencia artificial.
Estará en el conocimiento jurídico de quien la dirige.
En definitiva, estamos entrando en una nueva etapa del ejercicio del Derecho, tanto a nivel local como regional y global. La inteligencia artificial puede democratizar capacidades que anteriormente estaban reservadas a grandes firmas, transformar la forma de redactar, investigar y analizar expedientes y modificar incluso la relación entre abogados, clientes, jueces y demás operadores del sistema de justicia.
Pero debemos mantener una premisa fundamental:
la inteligencia artificial puede asistir al abogado; no puede asumir su responsabilidad profesional.
Y posiblemente allí se encuentre la verdadera frontera entre un abogado que simplemente hace vibe lawyering y un abogado que utiliza profesionalmente la inteligencia artificial.
