

Una transformación irreversible en la práctica legal
Raymond Orta Martínez, Abogado, Master IA
La reciente celebración del seminario internacional “Claude for Lawyers” confirma, sin margen de duda, que el ejercicio del derecho está entrando en una fase de transformación estructural impulsada por la inteligencia artificial. Ya no se trata de una herramienta accesoria destinada a la redacción de borradores o a la obtención de respuestas rápidas; estamos ante sistemas capaces de integrarse directamente en los flujos de trabajo jurídico, ejecutar tareas complejas y operar con criterios previamente definidos por el propio profesional o la organización. La discusión ha evolucionado: el debate ya no es si utilizar inteligencia artificial, sino cómo incorporarla de forma eficiente, segura y jurídicamente responsable.
En este contexto, uno de los aspectos más relevantes expuestos durante el evento fue la capacidad de estos sistemas para asumir funciones tradicionalmente intensivas en tiempo, tales como la revisión de contratos, la identificación de riesgos, la preparación de informes estratégicos o la gestión documental. La automatización de procesos como el análisis de acuerdos de confidencialidad (NDA), la generación de redlines en documentos jurídicos o la elaboración de reportes operativos demuestra que la inteligencia artificial puede reducir significativamente la carga operativa del abogado, permitiéndole concentrarse en labores de mayor valor estratégico, sin sacrificar control ni trazabilidad.
No obstante, el verdadero valor diferencial no reside únicamente en la automatización, sino en la posibilidad de incorporar el conocimiento jurídico interno dentro de estos sistemas. La construcción de “playbooks”, criterios de riesgo y metodologías propias permite transformar la inteligencia artificial en un reflejo operativo del pensamiento jurídico del profesional o del despacho. Esto implica una estandarización del criterio, una mayor coherencia en las decisiones y una reducción de la dependencia del conocimiento tácito, lo cual resulta particularmente relevante en entornos corporativos y equipos legales en expansión.
Desde una perspectiva jurídica, también se abordaron aspectos críticos como la confidencialidad, la seguridad de la información y la preservación del privilegio abogado-cliente. Se evidenció que, bajo entornos adecuados y configuraciones empresariales, es posible utilizar estas tecnologías manteniendo los estándares exigidos por la práctica profesional, siempre bajo el principio de supervisión humana y control final del abogado, quien continúa siendo el responsable último de la decisión jurídica.
En definitiva, nos encontramos ante el tránsito hacia una nueva etapa del ejercicio profesional: la denominada “era agéntica”, en la cual el abogado deja de ser un ejecutor de tareas repetitivas para asumir un rol de dirección, supervisión y toma de decisiones estratégicas apoyadas en sistemas inteligentes. Este cambio no es opcional, sino progresivo e inevitable para quienes deseen mantenerse competitivos en el mercado jurídico contemporáneo.
En virtud de lo anterior, se extiende una invitación a aquellos profesionales que ya han completado el Nivel 1 o cuentan con conocimientos intermedios en inteligencia artificial generativa (prompting), y que desean avanzar hacia un nivel superior, orientado a la automatización avanzada, la gestión de proyectos con inteligencia artificial y la comprensión práctica de esta nueva “Era Agéntica”.
